La autodenuncia de Felipe Berríos

Hace unos días, se supo que el cura jesuita Felipe Berríos acudió a la Fiscalía del Ministerio Público a “autodenunciarse”.

Por Alejandro Pujá Campos,
Director de Estudio Ciudadano.

Esta noticia a muchos les causó extrañeza, y otros, más imaginativos, lo tomaron como un reconocimiento por parte de Berríos, en el sentido de haber cometido los delitos de que se le acusa.

Recordemos que, básicamente, a Felipe Berríos se le acusa de abusos sexuales en contra de denunciantes que, al momento de haber ocurrido los hechos, habrían sido menores de edad.

Sin embargo, la autodenuncia del cura Berríos está muy lejos de pretender ser un reconocimiento de algún tipo de participación y, menos aun, de responsabilidad en los hechos que fueron puestos por la Fundación para la Confianza en conocimiento de la justicia canónica.

¿Qué es la autodenuncia?

Para ordenar el caso, veamos qué es, técnicamente, la autodenuncia.

La autodenuncia está tratada en el artículo 179 del Código Procesal Penal que señala que “Quien hubiere sido imputado por otra persona de haber participado en la comisión de un hecho ilícito, tendrá el derecho de concurrir ante el ministerio público y solicitar se investigue la imputación de que hubiere sido objeto.

Si el fiscal respectivo se negare a proceder, la persona imputada podrá recurrir ante las autoridades superiores del ministerio público, a efecto de que revisen tal decisión”.

Denuncias ante la justicia canónica.

Como se sabe, las denuncias en contra de Felipe Berríos no se encuentran realizadas ante la justicia pública, sino ante la justicia canónica, es decir, ante las normas que regulan a los sacerdotes, reglas que, para muchos, valen poco o nada.

Una de las características del procedimiento canónico es el secreto, la discreción. Se encargó a una abogada la realización de la investigación la que terminará en el Vaticano, para las resoluciones que la Santa Sede y el Papa estimen deban aplicarse.

Sin embargo, este secreto de la investigación no ha sido tal y, al contrario, se han filtrado datos del caso denunciado y, se ha sabido, que habrían más casos.

Nunca me ha caído bien el cura Berríos.

El revuelo público y el daño al prestigio de Berríos es incalculable. A estas alturas, para que nadie crea que tengo especial interés en defender al cura Berríos, debo mencionar que, en lo personal, nunca me ha caído bien el cura Berríos. No me gustan esos individuos que justifican todo por la pobreza y la falta de oportunidades. No sólo lo he visto ayudando a regularizar tomas que son ilegales, sino también justificando la migración ilegal y defendiendo a jóvenes detenidos durante el estallido delincuencial.

Pero esa opinión personal que tengo sobre Felipe Berríos, no me impide estimar que, muy bien asesorado, por el abogado penalista Julián López, Berríos hace uso inteligente de esta herramienta legal denominada autodenuncia, con lo cual obliga al Ministerio Público a investigar, todo lo cual debe hacerse dentro de plazos razonables.

No olvidemos nunca el principio de inocencia

Si el Ministerio Público es incapaz de acusar a Berríos, se fortalecerá el principio de inocencia que ampara a todas las personas en nuestro país.

Recordemos que una persona es inocente mientras no sea condenado por sentencia firme. No basta ser acusado ni imputado, debe haber sentencia y esta debe ser la sentencia de última instancia, luego de que se hayan agotado todos los recursos y trámites que procedan en contra de ella.

Las acusaciones conocidas estarían prescritas.

Volviendo a Berríos, digamos las cosas claramente. En el caso de que se determinen que los hechos efectivamente ocurrieron, no se podría hacer valer la responsabilidad penal en contra del imputado, dado el tiempo transcurrido, pues habría operado la prescripción que, en el caso de los delitos sexuales, es de 10 años contados desde que ocurre el delito. Hay una excepción, en el caso de los menores, a los cuales les corre este plazo, desde que cumplen 18 años. Se estima que, siendo menores, se encuentran disminuidos en la conciencia de haber sido víctimas y que tienen más dificultades para denunciar.

Así que si alguien pensó que con esto, el cura Berríos terminaría en la cárcel, con los antecedentes actualmente conocidos, se habría equivocado.

Las otras aristas del caso Berríos.

Sin embargo, el caso Berríos tiene otras aristas.

Una de ellas, la más evidente, es la debilidad de nuestro sistema de persecución penal con un plazo de prescripción para delitos sexuales de 10 años, lo que algunos han planteado debe aumentarse o convertirlo en imprescriptible, cuando las víctimas sean menores de edad.

Otra arista, la menos visible, es que, si se sabe que el caso es débil, ¿por qué la acusación apareció casi al mismo tiempo en que a Berríos se le invitaba a formar parte de una comisión especial del Ministerio de Vivienda, para enfrentar la política habitacional? Se trató de una invitación cursada por el propio ministro de Vivienda Carlos Montes, dada la conocida experiencia y compromiso del cura con grupos de personas que se organizan para acceder a viviendas de emergencia y auto construcción. Esta fallida invitación dejó muy mal parado al ministro Montes, un antiguo militante socialista, con varios periodos en el Congreso Nacional, miembro de la clase política que ha gobernado buena parte de las últimas décadas en Chile.

El rol de la ministra Antonia Orellana Guarello

A mi parecer, no es casualidad que haya sido la actual ministra de la Mujer y la Equidad de Género, la periodista egresada de la Universidad de Chile, Antonia Orellana Guarello, la que haya intervenido para evitar se concretara la designación propuesta por Carlos Montes.

Estamos hablando de un personaje, Antonia Cósmica Orellana Guarello, que es parte de esta oleada de dirigentes jóvenes que llegaron a ocupar puestos de poder a través de la protesta y la destrucción de instituciones tradicionales que están pagando sus errores históricos, como es el caso de la Iglesia Católica.

Antonia Orellana Guarello irrumpió en julio de 2013 en la Catedral de Santiago, ocasión en que se realizaron destrozos y rayados en el templo, profiriendo consignas en favor del aborto, enfrentándose el grupo en el que participaba a golpes con los feligreses que celebraban al apóstol Santiago, con la presencia de la alcaldesa de la época, Carolina Tohá, en la ceremonia religiosa encabezada por el cuestionado arzobispo Ricardo Ezzatti. Carolina Tohá es militante del Partido Por la Democracia, PPD, otro partido que ha participado de los gobiernos de centroizquierda de las últimas décadas.

Recordemos que en marzo del 2022, Gabriel Boric, ya presidente de la república, manifestó su molestia por la presencia de Ezzati en la Oración Ecuménica por Chile, que se realizó en la misma anteriormente atacada Catedral Metropolitana de Santiago. Boric dijo a los medios: “Me molestó ver a gente que ha actuado como encubridora”. Ezzati, al que parece no le corre sangre por las venas, hasta el día de hoy no ha reaccionado ante lo que, jurídicamente, puede ser considerado una calumnia o una injuria. Algunos dicen que el que calla, otorga.

Podría contarles más de la historia de Antonia Cósmica Orellana Guarello, que para que despeje dudas, es sobrina del periodista deportivo Juan Cristobal Guarello, pero no es el tema principal de esta columna. Si les interesa, pueden buscar en Google y encontrarán varias interesantes notas de prensa.

Lo importante ahora es que el caso Berríos podría ser algo menos que unas denuncias de abusos sexuales y mucho más como una disputa entre liderazgos nuevos y antiguos de una izquierda que tiene varias cabezas y que parece estar dispuesta a cualquier cosa por llegar y mantenerse en el poder, incluso pisoteando a aquellos que los precedieron y afianzaron su poder e influencia manteniendo nexos con representantes de instituciones como la Iglesia Católica, la que no termina de expiar sus pecados.


Imprimir   Correo electrónico

Nosotros

Publicita con nosotros

Acuerdos y convenios

Free Joomla! templates by Engine Templates